Del 3 al 12 de agosto, los egresados de la Promoción 2026 vivieron su viaje de fin de estudios: una aventura inolvidable que recorrió más de cinco provincias, parques nacionales, el mejor cine de Latinoamérica, una de las siete maravillas del mundo, el estadio más grande de Sudamérica y uno de los teatros más importantes del planeta, además de innumerables vivencias que quedarán grabadas para siempre en la memoria.

Entre las provincias de Entre Ríos, Corrientes, Misiones y Buenos Aires, el recorrido se convirtió en la culminación perfecta de una etapa que desearíamos que fuera eterna.

Pero la travesía fue mucho más que una sucesión de destinos; representó una valiosa oportunidad para compartir, convivir y aprender. En cada lugar visitado, los estudiantes pudieron acercarse a la industria local, conocer distintos biomas, descubrir la flora y la fauna autóctonas, adentrarse en la historia y conectar de cerca con la cultura propia de cada región.

A lo largo del trayecto, compartimos momentos maravillosos frente a algunas de las grandes joyas naturales del país, como el Parque Nacional El Palmar, la cuenca del río Uruguay y, por supuesto, la imponente belleza de las Cataratas del Iguazú. También tuvimos la posibilidad de reencontrarnos con la historia viva en las reducciones jesuíticas de San Ignacio Miní y Loreto, sitios donde el pasado parece cobrar vida ante nuestros ojos.

El momento culminante llegó con la visita a la Basílica de Nuestra Señora de Luján, patrona de la Argentina, donde tuvimos la gracia de participar de la Santa Misa y encomendar a Dios lo vivido y lo que vendrá.

Así concluimos un viaje colmado de instantes memorables; momentos que ninguna fotografía logra retratar por completo y que ninguna palabra alcanza a describir plenamente. Porque hay experiencias que trascienden las imágenes y los relatos, volviéndose parte esencial de quienes las protagonizamos.

Por eso, más que intentar describir lo que fue este viaje, solo podemos dar gracias.

Agradecemos a Dios y a la intercesión de Santa Teresita por los bienes recibidos, por el cuidado en cada camino y, de manera especial, por el maravilloso regalo de haber podido compartir juntos esta experiencia inefable.






